En los Hechos de los apóstoles 2,
42-47; 4, 32; 5,12-16, leemos la descripción de la
primera experiencia comunitaria, y atendiendo a la
narración, vemos cómo se va construyendo «la comunidad de
los santos» y casi al mismo tiempo, van surgiendo, ante la
atención que requieren aquellos menesteres materiales
propios del crecimiento comunitario. Como en toda sociedad
numerosa surgen roces, contiendas y disputas, y eran
tantos los asuntos de caridad que atender, que hubieron de
elegir a siete varones para ordenarles en el servicio de
misiones específicas y concretas, transmitiéndoles con la
imposición de manos una función eclesial. Hechos 6, 1
-7.
Se van desarrollando soluciones
puntuales que configurarán progresivamente la «diakonía»
en un ministerio estable. Se reúnen para la fracción del
pan, para alabar a Dios, para sanar, para administrar
entre los necesitados los bienes que han sido puestos a la
disposición de los apóstoles. Bien es cierto que no se les
llama diáconos pero sí se les da un cargo de servicio;
luego, más tarde, a este servicio ordenado se le llamará
con el significado de su función: « diáconos ».
Al inicio de los tiempos apostólicos,
los mismos apóstoles, mediante el rito de la imposición de
manos a siete hombres de buena reputación, instalaron la
colaboración en su misión apostólica para que se
encargaran de atender a los pobres en sus necesidades.
Hechos 6, 2-6.
«designad siete hombres de los
vuestros, respetados, dotados de Espíritu y de prudencia,
y los encargaremos de esa tarea. Nosotros nos dedicaremos
a la oración y al ministerio de la palabra.»
Tanto el ministerio de la Palabra
como la servidumbre a la mesa de cada día, son servicios y
lo curioso del caso es que, los siete varones extraídos de
entre los suyos para atender la materialidad de las viudas
y necesitados, en lo sucesivo se hacen de notar por la
predicación que hacen. El ministerio a ellos encomendado
carece de precisión y aún mostrándose ambiguo,
tradicionalmente se les conoce y designa como diáconos; en
los años siguientes se irá configurando el contenido y
profundidad del ministerio.
Hechos 8,5; 8,12. Su
oficio no se limitaba a lo material, a la atención
cotidiana de la caridad, sino que podían predicar la
Palabra de Dios.
Hechos 8,38
Y bautizar.
Hechos 7.
Esteban catequiza relatando la
historia de salvación con espíritu profético que le
conduce al martirio acaecido en Jerusalén sirviendo este
suceso como colofón de todo lo ocurrido en la Ciudad
Santa.
Hechos 8, 5-8. 27-40.
Felipe predicaba a Cristo,
exorcizaba, sanaba, enseñaba, bautizaba y evangelizaba.
Por lo que el ministerio que han recibido en función de la
comunidad comprende la Palabra, el Bautismo y la Caridad.
Hechos 21, 8-9. «Al
día siguiente salimos y llegamos a Cesarea; entramos en
casa de Felipe, uno de los siete evangelistas y nos
hospedamos con él. Tenía este cuatro hijas solteras
profetisas»
Vemos en este fragmento que Felipe
vive en su casa, con su familia y es identificado como
evangelista, como portador de la buena noticia. Pone su
casa a disposición del evangelio y su propia familia
participa, ésta posee carismas de profecía…
Felipe es recordado por su actividad
evangelizante, de los demás: Nicanos, Prócoro, Timón,
Pármenas y Nicolás, no son mencionados más en los textos
de la Escritura. Es de suponer que en
las comunidades crecientes realizarían su servicio de
forma estable y no itinerante como Felipe, del que cabe
sospechar que no sirvió a la comunidad con menesteres
domésticos sino con la propagación de la Palabra. Hay
tradiciones no mencionadas en la Escritura que hacen el
seguimiento de estos siete varones.
Deteniéndose en el estudio de la
misión de Timoteo, se observa que además de organizar la
Iglesia, regular la liturgia y ordenar los diferentes
ministerios y carismas de la comunidad, recibe encargos y
consejos para el buen gobierno de la Iglesia que preside.
Entre las primeras responsabilidades que recibe Timoteo de
Pablo, es una norma de fiar, para aquellos que
aspiren al episcopado o al diaconado. Ambas normas
constituyen en aquel contexto, un perfil de rectitud,
intención, comportamiento y prestigio del candidato que le
hagan acreedor de tal dignidad.
Asimismo los diáconos sean dignos, no
doblados, no dados a la bebida ni al lucro vergonzoso; han
de conservar con conciencia limpia el misterio de la fe.
También ellos han de ser probados primero, y si resultan
irreprochables, ejercerán su ministerio. Asimismo las
mujeres sean dignas, no murmuradoras, sobrias, de fiar en
todo. Los diáconos sean fieles a sus mujeres, buenos jefes
de sus hijos y de su casa. Pues los que ejercen bien el
diaconado alcanzan un rango elevado y autoridad en
cuestiones de fe cristiana. 1ª Tim 3, 8 – 13.
Estas recomendaciones van más allá de
un servicio doméstico, de un atender necesidades
materiales. Sitúa al diácono como depositario de
confianza, como alguien capaz de guardar el tesoro por
excelencia, lo arcano para quien no es creyente: la
Eucaristía.
Las notas exegéticas sobre estos
versículos a pie de página en la Biblia del Peregrino de
Luis Alonso Schökel, iluminan la permanencia de los
ministerios episcopal y diaconal en las comunidades a
cargo de Timoteo.
1ª Tim 3, 8 -13. Sobre los diáconos,
con una digresión sobre las mujeres. Del obispo hablaba en
singular, de los diáconos en plural. Algunas condiciones
se repiten. Es propio “conservar el misterio de la fe”. Se
suele entender el cuerpo de doctrina o el mensaje
evangélico; algunos han pensado en la eucaristía como
misterio vedado a los paganos. El v. 13 les atribuye
“autoridad” o capacidad de exponer con franqueza temas de
fe cristiana, lo cual indicaría también una función
didáctica.
Vemos cómo se configuran lentamente
las estructuras internas de las comunidades paulinas y
cómo se van precisando las cualidades requeridas, aquello
que configura el ser y es fundamental para los candidatos
a ejercer un determinado ministerio. Insistiremos en otro
capítulo lo referido al ser.
Retornando a los consejos a Timoteo
leemos en 1 Tim 5, 22. 24-25
«No te
precipites en imponer a nadie las manos, no te hagas
partícipe de los pecados ajenos. Consérvate
puro. Los pecados de algunas personas son notorios aun
antes de que sean investigados; en cambio los de otras, lo
son solamente después. Del mismo modo las obras
buenas son manifiestas; y las que no lo son, no pueden
quedar ocultas»