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NUESTRA HISTORIA LOCAL MÁS RECIENTE:

EL DIACONADO PERMANENTE

EN LOS ALBORES DEL TERCER MILENIO

Una larga marcha iniciada en 1.981 avocó en el Sínodo Valentino, cuyas constituciones fueron firmadas y promulgadas solemnemente el 27 de Junio de 1.987.

Es a partir de esa fecha, cuando la Iglesia Diocesana impulsa con renovado vigor una conciencia de nuestra llamada a la santidad que iluminará nuestro compromiso en la sociedad en los albores inmediatos al tercer milenio.

Entre las múltiples tareas propuestas, las iniciativas pastorales y formativas de todos sus miembros, hay una que por la novedad de su instauración requiere ser tratada con delicadeza exquisita y con múltiples cuidados, ya que será pronto, una experiencia singular en nuestra Diócesis y requiere ser recibida con la misma ilusión con que en su día lo fue por los Padres Conciliares, allá por el lejano 1.964 cuando se instauró para todo el rito latino el Diaconado Permanente para hombres casados.

El  3 de Julio de 2.001 fueron convocados por el Sr. Arzobispo de Valencia, diez laicos que habían manifestado reiteradamente en sus respectivas comunidades parroquiales, la experiencia de una llamada interior que les predisponía a comprometerse con la Iglesia a través del ministerio ordenado.

Eran momentos propicios para iniciar un período de reflexión, interiorización y discernimiento y poder ser escrutado por la Iglesia y en su caso, ser admitido a iniciar este nuevo camino hacia el Diaconado Permanente. Estas personas vivían con esa esperanza durante mucho tiempo: la necesidad de que la Iglesia discerniera sobre tal presunción.  

A las siete de la tarde, cuando subíamos peldaño a peldaño la escalinata que conduce al despacho del Sr. Arzobispo, en el interior de cada uno de aquellos  diez hombres temblorosos, resonaba al mismo tiempo que el peso de la historia, el Te Deum particular de la semblanza personal de cada uno de los convocados.

El calor típico del mes de verano por estas tierras, contribuyó a que nuestro ánimo incrementase el sofoco, pero nuestra conciencia tenía muy claro que cada peldaño nos iba acercando al inicio de un acontecimiento histórico en el que íbamos a participar. Éramos conscientes de que comenzaba a ser aplicado el canon 564 de nuestras Constituciones Sinodales.  

Nos conocimos tomando café un cuarto de hora antes…, y ya cómo si de toda la vida fuéramos compañeros. Este primer contacto apaciguó el semblante y distendió la tensa espera en la antesala del despacho arzobispal.

Fuimos convocados quienes ya hacía años habíamos manifestado con cierta timidez a nuestros párrocos, la extraña petición personal de querer ser diáconos permanentes. Silencio y silencios nos han acompañado en nuestra solitaria pretensión. Historias personales jalonadas por el prudente silencio que ha ido templado poco a poco las ansias de seguir a Jesús.

Cada uno por separado y guiado de intuición personal, fue preparándose teológicamente según las preferencias que cada uno creyó conveniente. 

Pero el Señor tenía otra historia mejor para nosotros y no se fijó en todas esas cosas… Nos quería de modo íntimo, personal, sin reparar quiénes éramos ni de donde veníamos, no excluía ninguna condición ni valoraba los méritos, los estudios ni el hacer. Nos invitó a ser. A ser diáconos, hombres capaces de imitar a Jesús en la acción de servir.

En el mes de octubre de 2001 éramos catorce quienes en el Seminario de Moncada acudimos a una primera reunión con el Sr. Rector. Tras la bienvenida y las presentaciones iniciamos el curso Propedéutico. Dirección espiritual, retiros, convivencia con las esposas.

Cada uno con su historia, había sido causa de grata sorpresa para los demás componentes ya que proveníamos de toda la Diócesis, de todo tipo de comunidad cristiana, con formación teológica diversa, con compromisos pastorales de toda índole y con situación social diferente. Lo sorprendente para todos nosotros es la comunión que desde el primer día surgió y la vivencia espiritual que a todos nos ha enriquecido.  

En Noviembre de 2003 comenzamos la formación en Teología Moral, retiros en los tiempos fuertes, convivencias.

En Marzo del 2004 nos reunimos de nuevo con el Sr. Arzobispo e intercambiamos nuestras ilusiones y esperanzas.

En Octubre de 2004 proseguimos con Sacramentos, retiros…

El 19 de Febrero de 2005 nuestro Ilmo. Sr. Rector D. Rafael Albert, nos dio la buena noticia de que el Sr. Arzobispo iba a firmar el Decreto de Instauración del Diaconado Permanente y  habían dado la aprobación de que algunos aspirantes harían el Rito de Admisión, y a lo largo de este año se haría la institución de Lectorado y Acolitado.

Al terminar la reunión formativa hicieron acto de presencia el Director y un colaborador de PARAULA haciéndonos fotografías del grupo.

El día 26 de febrero sale publicado en PARAULA el decreto de instauración y una hoja con las fotografías y artículo de fondo sobre el Diaconado Permanente.

El 2 de Marzo publica el diario LEVANTE la misma noticia de la instauración del Diaconado Permanente, pero con ligeros tintes típicos de quien desconoce esta realidad tan sorprendente.

Nuestra experiencia nos ha aportado el convencimiento que el factor humano es muy importante, ya que el intercambio de experiencias suscita una comunión interpersonal que nos ha potenciado como grupo, como colectivo para llegar a identificarnos como Comunidad Diaconal.

Todos sabemos que aquí el protagonista es el Espíritu Santo, que nos ha permitido ser fieles a la llamada en todo este tiempo de incertidumbre. Poco a poco se ha ido puliendo las aristas que presentábamos, se han excluido las proyecciones que hacíamos hacia un rol diferenciador del Diaconado.

Todo este tiempo ha atemperado nuestras impaciencias y hemos entendido que los caminos del Señor no son los nuestros y que cuando el Señor llama es más fuerte que todos y que todo.

Una segunda tanda de convocados han iniciado el 18 de junio de 2005 las primeras reuniones preparatorias para iniciar el camino de discernimiento y formación. Un buen grupo de hombres ilusionados inician la experiencia propedéutica, una etapa fundamental de discernimiento, para poder ubicar en el sitio correspondiente los anhelos y las esperanzas, el conocimiento de sí mismos y la necesaria intimidad con Jesús. Recibamos a nuestros hermanos con nuestro cariño y aliento. Indudablemente en este caminar permaneceremos muy unidos.

Pidamos al Señor nos fortalezca con el don de la fidelidad, de la constancia y del entusiasmo para poder servir en la Iglesia ministerialmente

Fechas para la HISTORIA:  

El día 9 de julio de 2005 se hace público y se refrenda que los candidatos Paco Ferrer, Ángel Méndez, Salvador Muñoz, Pepe Rodilla, Carlos Sánchez de Castro, Luis Sanus, Ramón Serneguet y Paco Valls, han sido Admitidos al Orden del Diaconado Permanente y constituido Lectores y Acólitos, de manos del Excmo. y Rvdmo. Sr.  D. Salvador Giménez Valls. Obispo Auxiliar de Valencia, en la Iglesia del Seminario Metropolitano de Valencia. 

El 11 de Noviembre de 2005 nos incardinamos en la Diócesis, siendo  el Excmo. y Rvdmo. Sr.  D. Salvador Giménez Valls. Obispo Auxiliar de Valencia, quien recibe nuestra promesa y juramento, siendo testigo el Canciller secretario Ilmo. SR. D. Jorge Miro.

En el camarín de nuestra patrona la Virgen de los Desamparados y en un acto íntimo y emotivo, los ordenandos le ofrecimos a la Santísima Virgen, bajo su amparo y protección, nuestro ministerio.

El día 12 de Noviembre de 2005 son ordenados por el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Agustín García-Gasco y Vicente, Arzobispo de Valencia,  los primeros Diáconos Permanentes en la Archidiócesis de Valencia.

El día 26 de Diciembre de 2006 los candidatos Antonio Briz y Salvador Rosell fueron admitidos al Orden del Diaconado Permanente y constituido Lectores y Acólitos, de manos del Excmo. y Rvdmo. Sr.  D. Salvador Giménez Valls. Obispo Auxiliar de Valencia, en la Iglesia Parroquial de San Miguel, en el municipio de Tous.

El día 20 de Septiembre de 2008 fueron ordenados Diáconos Permanentes de manos del Cardenal D. Agustín Garcia-Gasco, Arzobispo de Valencia, Antonio Briz y Salvador Rosell en la Iglesia Parroquial de San Miguel del municipio de Tous

Estos acontecimientos eclesiales quedarán para la Historia de nuestra Iglesia Valentina, que bajo el patrocinio de San Vicente mártir posibilita a los varones célibes o casados, puedan sacramentalmente, de modo estable y permanente, seguir a Jesús e imitarle en su acción de servir a todos los hombres.  

Los desvelos de aquellos padres conciliares que se dejaron conducir por la brisa suave del Espíritu, se  cumplen, consolidando con firmeza una nueva presencia de aquellos diáconos que dejaron de estar presente hace más de mil años en nuestra historia más reciente.

Hoy es una grata realidad contar con catorce aspirantes al Diaconado Permanente, a quienes se les ha iniciado el proceso informativo preceptivo, y que posiblemente conduzca a estos aspirantes al Rito de Admisión, a ser instituidos lectores y acólitos y posteriormente, sino hay obstáculo alguno, ser ordenados  Diáconos.  
 

 
 
 
::: Hacia una Comunidad Diaconal en Valencia ::: Un gran regalo del Espíritu para esta generación.
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