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CARTA DE MONSEÑOR CARLOS
OSORO
A LA ARCHIDIÓCESIS VALENTINA
Querido Sr.
Cardenal, Don Agustín, muchas gracias por su
afecto y paternidad desde siempre y son muchos
años los que hace que nos conocemos, pero muy
especialmente por todo lo que ha sabido expresar
con gestos y palabras desde el momento que ha
sabido que iba a sucederle en la Archidiócesis de
Valencia. Todo ello me hace sentirme muy a gusto
ya en Valencia. Queridos hermanos Obispos
Auxiliares, D. Esteban, D. Enrique y D. Salvador,
desde estos momentos, gracias por vuestra acogida
y por vuestra ayuda. Gracias hermanos.
Queridos
hermanos sacerdotes, seminaristas, religiosos,
religiosas, miembros de institutos seculares y
sociedades de vida apostólica, queridos laicos,
hermanos y hermanas: Al hacerse público mi
nombramiento como Arzobispo de Valencia, quiero
dar gracias a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo
por la tarea que me concede de ser vuestro padre y
pastor, siguiendo en esa tierra las huellas de mis
antecesores entre los cuales se encuentran grandes
santos. Doy gracias al Sucesor de Pedro, el Papa
Benedicto XVI que ha tenido a bien nombrarme para
esa Archidiócesis de Valencia.
Acojo como una
bendición de Dios, de las muchas que a través de
mi vida me ha regalado, este nombramiento y ya
desde ahora me pongo a vuestra disposición. Sé que
mi vida no es para mí, sino para vosotros.
Recibidla con las pobrezas que tiene, pero con la
seguridad de que voy a gastar la vida por anunciar
a Jesucristo con vosotros.
Quiero ser de
todos y para todos. Mi lema episcopal “por Cristo,
con Él y en Él”, quiere ser una llamada permanente
a realizar esta tarea apasionante de padre y
pastor en este tercer milenio que acabamos de
comenzar. Ya desde ahora doy gracias a Dios sin
cesar por vosotros, a causa de la gracia de Dios
que os ha sido otorgada en Cristo desde hace
muchos siglos, pues recordando a San Pablo, “en Él
habéis sido enriquecidos en todo, en toda palabra
y en todo conocimiento” (1ªCor 1, 5). La serie de
santos y mártires que jalonan la historia de esa
querida Iglesia particular dan fe de cómo se ha
consolidado entre vosotros el testimonio de
Cristo.
Os dirijo un saludo muy especial a todos los
sacerdotes que formáis el presbiterio diocesano,
quienes sois los más estrechos colaboradores del
ministerio del Obispo. A todos los sacerdotes
enfermos y a los ancianos, que habéis gastado la
vida en el anuncio de Jesucristo y amando a la
Iglesia, os agradezco vuestra entrega y vuestro
testimonio. Pedid al Señor todos los que formáis
el presbiterio diocesano, que esté a vuestro lado
y me comporte con vosotros como padre y hermano,
que os quiere, os acoge, os conforta, os sugiere,
os exhorta. Os pido vuestra colaboración. Siento
vuestra cercanía y conoceros será mi primera
tarea.
A los Diáconos permanentes, a vuestras
familias, gracias. Sois los diáconos, auténticos
dones de Dios para anunciar el Evangelio, para
instruir a las comunidades cristianas y promover
el servicio de la caridad en la familia de Dios.
Gracias por vuestra presencia y acción.
Mi vida no se explica sin el Seminario. Han sido
veinte años los que he estado de Rector del mismo,
recuerdo que fui a Valencia para ver el Seminario,
cuando se me encargó abrir el Seminario de
Santander. Vosotros los seminaristas, de sacerdote
y después de Obispo, habéis sido y seréis una
preocupación de importancia capital en mi vida y
ministerio. Os saludo con afecto a todos: los que
os formáis en el Seminario de Moncada, en el
Colegio San Juan de Ribera y en el Colegio Santo
Tomás de Villanueva, así como también a los que
estáis en Roma ampliando estudios. Conoceros y
quereros es algo de lo cual el Obispo no puede
prescindir y quisiera seguir realizándolo como
hasta ahora.
Saludo con respeto y veneración a la vida
consagrada en sus diversas formas de expresarse en
la Iglesia. Sabed que pertenecéis estable y
firmemente a la vida y a la santidad de la
Iglesia, enriquecéis con vuestra presencia mi
ministerio y la comunión eclesial. Gracias. A la
vida contemplativa que sois un tesoro en la
Iglesia, os encomiendo que oréis para que mi
ministerio sea fecundo en obras y palabras, por
los sacerdotes y por las vocaciones al ministerio
sacerdotal y a la vida consagrada.
A todos los fieles laicos que sois la mayoría del
Pueblo de Dios y que sobresalís por la fuerza
misionera del Bautismo. Juntos estamos llamados a
anunciar el Evangelio: en la cultura, en la
familia, en el trabajo, en los medios de
comunicación social, en el deporte, en el tiempo
libre, en la animación del orden social, en la
vida pública. En esta tierra hay muchos
inmigrantes, nadie es extranjero en el Pueblo de
Dios, todos somos hijos de Dios y por ello
hermanos entre nosotros. ¡Cómo deseo haceros
sentir con todos los que son de esta tierra, que
sois de la misma familia de los hijos de Dios y
que por ello no sois extraños! Dentro de vosotros
los laicos, quiero hacer llegar un saludo muy
particular y especial a los jóvenes que como
“centinelas de la mañana”, esperan la aurora de un
mundo nuevo, toda mi vida prácticamente ha estado
dedicada a vosotros, quiero contar con vosotros y
con vuestra ayuda en el anuncio del Evangelio.
Saludo con especial afecto a las autoridades de la
Comunidad Valenciana en sus diversos ámbitos, a
todos los grupos políticos que buscáis el bien de
la sociedad. Me presento ante vosotros en nombre
de Jesucristo. La misión confiada por Jesús a los
Apóstoles debe durar hasta el fin del mundo (cf.
Mt 28, 20), ya que el Evangelio que les encargó
transmitir es la vida para la Iglesia de todos los
tiempos y es vida para todos los hombres.
Pedid todos al Señor que con su gracia, sepa vivir
entre vosotros los rasgos propios del Buen Pastor:
caridad hasta el extremo, conocimiento de las
personas que se me encarga, solicitud por todos,
misericordia para con los más pobres, estar
siempre disponible, cercano y en búsqueda de todos
los hombres con la bondad del Buen Pastor. Desde
ahora me pongo en manos de la Mare de Deu dels
Desamparats. A Ella confío mi vida y mi ministerio
con vosotros.
Con gran afecto, os bendice
+Carlos,
Arzobispo Electo de Valencia
y Administrador
Apostólico de Oviedo |
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